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Cuatro es sólo un número.

Hace años pensaba que cuatro era una infinidad. Cuando llegó el dos y el tres me sorprendió pensar en el cuatro. Ahora que ha llegado, me doy cuenta de que es una ínfima cifra en comparación con los años que quiero pasar contigo.

Hace cuatro años mi vida cambió de tantas formas distintas que casi no recuerdo cómo era.

Hace cuatro años, tú me enseñaste a quererme. ¿Cómo no iba a hacerlo? Tú eras probablemente la única persona del planeta a quien yo no intentaba agradar, con quien no me ponía afanosa para caer bien. De hecho, eras probablemente la persona a la que más daño había hecho, quien más motivos tenía para odiarme. Y, sin embargo, me querías. De una forma en la que yo nunca me explicaré, pero que sirvió para hacerme entender que valía mucho más de lo que creía. Tu amor me salvó. De la autodestrucción, de la inseguridad, de los complejos, de la autoexigencia. Que tú me quisieras, que me sigas queriendo, refuerza lo que soy ahora. Y me encanta ser quien soy, gracias a ti.

Hace cuatro años, aprendí a querer. De una forma en la que nunca había querido antes. Sin presión, sin obsesión, sin culpabilidad. Quererte me dio la calma que necesitaba, la paz conmigo misma y con el resto. Quererte me hizo comprender el amor de una forma que nunca había contemplado, me hizo darme cuenta de que el amor no tiene por qué doler. Que no trataba de exigencias ni había por qué reprimirse ni por qué conformarse.

Hace cuatro años, empecé la relación con la que había soñado desde que tenía memoria. Una relación llena de muestras de afecto, de cursiladas, de mimos, de detalles y de cariño. Una relación que pensé que nunca podría tener, que sólo existía en las novelas que escribía.

Qué diferentes eran las cosas hace cuatro años.

Aquel 7 de Febrero de 2013 todo parecía complicado en aquel sofá de Coín, con Breathe Slow sonando de fondo. Y qué fácil era todo en aquel entonces, ¿verdad? Han pasado cuatro años de días mucho más complicados. Hemos perdido gente, hemos visto nacer otra, hemos perdido amigos, hemos ganado otros, hemos aprendido a vivir separadas, a vivir juntas, hemos viajado a la otra punta del mundo, hemos estado estancadas, hemos arrancado, hemos trabajado juntas, hemos llorado abrazadas, hemos reído hasta que nos dolían las mejillas… Hemos vivido. Y hemos aprendido a vivir.

Y quiero seguir aprendiendo contigo toda la vida. Todos los días que me quedan. Porque no imagino un solo día sin ti. Porque sin ti no soy yo.

Gracias por ser como eres. Por darme lecciones de vida cada día, por enseñarme tanto, por tener paciencia, por quererme. Por ser tú. Estoy muy orgullosa de ti. De verdad.

Gracias por estos cuatro años de aventuras.

 

 

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